O yo te busco, o tú me buscas

Le costó abrir los ojos, seguían cansados, los pobres apenas habían dormido cuatro horas. Era ya de día cuando se acostó y ahora ya se vislumbraba al sol en lo más alto del cielo, el alcohol no le había dejado dormir más profundamente. Añoraba aquellos años en los que salir noche tras noche no suponía ningún tipo de esfuerzo, es más, era una cuestión de inercia. Ahora acostarse tarde, o muy temprano según como se viera, conllevaba estar arrastrándose por las esquinas de la casa durante todo el día siguiente. Sin ni siquiera subir las persianas, sin querer dejar la seguridad de laBatcueva.

Pero hoy sería más fácil sentir algo de pena de si misma, hoy se lo podía permitir. No quería hablar con nadie sobre la noche anterior, no quería contar las batallitas acontecidas, la única compañía que necesitaba era el de las canciones más tristes que conocía y el de las películas tontas que más le hacían llorar. Iba a regodearse en su pena. No todos los días había que pasar página de esa manera.

Se sentía como cuando su padre le quitó las ruedas auxiliares a la bici, pocas veces había sentido tanto miedo y a la vez había creído ser tan valiente. Ese andar en dos ruedas a una velocidad superior a la querida era como veía su futuro sin él. Lo que más pánico le daba además era lo incomprendida que se iba a sentir. Es fácil que la gente entienda que estás triste cuando has roto una relación, ¿pero cómo cortar algo que ni siguiera había existido?

Aunque lo conocía desde hacía tiempo, nunca había hablado con él hasta aquella noche en la que casi pasó algo. Habían coincido anteriormente, siempre estaban todos en el mismo bar, pero estando en posiciones opuestas del círculo poco se puede intimar. Aquella noche en cambio les tocó pedir en la barra al mismo tiempo, empezaron a hablar de alguna tontería sin sentido y ya no se separaron en toda la noche. A los dos les gustaba mucho hablar de tonterías sin sentido. Cuando cerraron los bares ella fue con los amigos de él a aquel tugurio, nada más llegar fue al baño y a la salida estaba solo él esperándole. Le pasó el brazo por los hombros, tenía la altura perfecta para eso, mientras ella automáticamente le agarró por la cintura. Él le empezó a contar que casualmente estaban perdidos y se habían quedado solos. Cuando ya estaban dispuestos a ir al rincón más apartado del local, una mano los tocó en la espalda soltando un “¡Eh! ¡Que estamos ahí!” Allí acabó todo, en esa jugada del destino.

Después vinieron más noches de risas, cada vez más cómplices, confidencias cada vez más secretas y hasta aquel acuerdo no verbal de “cuando cierren los bares o yo te busco o tú me buscas”. No hacían nada especial, alargar la noche hasta el infinito, alargar las risas, las complicidades y las confidencias.

Un día apareció un fantasma del pasado en forma de cabezahueca con tetas. Esa desvergonzada que osó meterse en el medio de los dos, literalmente, arrinconándolo, llevándolo fuera se su alcance. Estalló, no pudo más. Lo cogió del brazo y le soltó todo lo que sentía, pero lo único que él le respondió fue un “no me hagas esto” y a la pregunta “¿Por qué ella? ¿Por qué mañana no va a significar nada?” un “Porque ahora no significa nada”. Después de eso, no quiso irse a casa, su orgullo no se lo permitía. Al rato él volvió a buscarla, soltando un “no sé si ella se ha escapado de mí o yo me he escapado de ella” y se fueron para casa. Juntos, como si allí no hubiera pasado nada. O mejor aún, riéndose de lo que les había pasado, hablando como sabían los dos que no podían hablar con nadie más.

¿Cuánto había pasado de aquello? ¿Año y medio? Había habido más entrometidas y más entrometidos, pero siempre estaban para contárselo. Cada vez que estaban juntos él le preguntaba a ver a dónde iba con esos labios rojos y ella le decía que ya era hora de que se cortara el pelo.Todo había seguido igual hasta hacía un par de semanas. Cuando cerraron los bares ella estaba hablando con un antiguo compañero de clase, él no le esperó y ella se enfadó. La cosa había estado algo tirante desde entonces, hasta anoche. Anoche se había roto por completo.

No se podía quejar, la elección había sido suya. A mitad de la noche, cuando ella aún estaba con sus amigas, él se había acercado a saludarla. Jamás venía cuando ella estaba con sus amigas. Estuvo más cariñoso que nunca y ella más arisca que nunca. En parte lo odiaba por saber cómo camelarla. Pero habían terminado juntos, hablando, riendo… como siempre. En un bar que estaba lleno hasta los topes, pegados uno frente al otro, le salió solo, se puso de puntillas y lo besó. Él se apartó y ella se enfadó del todo.

Volvían a lo mismo y ya no podía más. Al salir del bar le dijo que era la última vez que terminaban la noche juntos. Cuando él le dijo un indignado “¿Por qué?”, ella le respondió tajante: “Porque eres los menos productivo que tengo, porque mientras estoy contigo no miro a ningún otro”. Él siguió diciendo que no estaba de acuerdo, pero la decisión no era suya y ya estaba tomada. No hubo, ni escenas, ni numeritos. Nadie subió el tono y ni hubo cabreos mayores. Nunca habían tenido nada de Pimpinela. Con un ambiente de despedida fueron a por unas hamburguesas y él esperó a su lado hasta que vino su autobús. Fue un adiós sin hasta-luego.

Así había llegado a casa hacía cuatro horas. Así se había metido a cama y ahora se había despertado aún peor. Ya no había el mínimo poso de enfado, solo el atisbo de la futura nostalgia. Ya no habría risas, ni bromas cómplices, ni confesiones, ni imaginaciones de que podría pasar algo más. Pero se recordó que como cuando dejó de fumar, lo más difícil había sido tomar la decisión.

Las primeras lágrimas cayeron al son de “Fistful ofLove” de Antony and theJohnsons. Luego seguirían el “Amen Omen” de Ben Harper y el “Dreamingmydreams” de los Cramberries. A la tarde tocaría “La boda de mi mejor amigo”, con una gilipollas Cameron Diaz llevándose al chico y el lovestory de turno de la mano de “Noviembre dulce”. Mañana ya habría tiempo para comedias absurdas y “I willsurvive”s que la llenaran de energía. Porque él no era el primero whotriedtohurt me withgoodbye y de peores cosas había salido. O eso creía al menos. Esperaba tener por delante no más de 19 días jodidos y 500 noches de recuerdos.

Este relato fue publicado en la página web INTERSEXCIONES. Podéis leer más de sus fantásticos posts aquí.

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